Tragedia

Mi mente aún no es tranquila, serena, mas se disipa con gran facilidad entre perturbaciones y estímulos de todo tipo. Es como estar a la deriva, bajo tormenta, e intentar navegar con estabilidad, cuando ni siquiera se puede navegar. Soy un hombre y me pesa asumirlo, ahora lo sé. Es demasiada carga ser algo tan simple, frágil y poderoso a la vez. También entender, no ser ninguna de estas, sino un pobre andrajoso a la suerte de su época, presto al consumo, a la posible guerra o quiebre de un estado. Un simple hombre de mi tiempo, que espera que todo lo demás salga bien, para sentirse contento y libre de poder avanzar en base a lo que presume, es su deseo. Un estratega de la miseria y la supervivencia. Pulverizado al reducto de lo ínfimo, es azotado por los vientos que disponen de su destino.

Siempre hubo y siempre habrá una historia contada, una incluso que nos hemos de crear para poder habitar este mundo con los demás.

Tal vez, en esa historia haya hermosos paisajes, vestimentas, palacios y héroes. Aquí es cuando entramos a escena. Los humanos premian más a los héroes que a los parias o a los cobardes, pero en definitiva, a estos efectos, son lo mismo. Se asemejan en su carácter de imagen sustitutiva y terminan por desposeernos de nuestra poca vida que permanece anclada a un manantial (que desconocemos profundamente, porque la vida se nutre de una fuerza que mana constantemente). ¿Cómo cuesta estar allí, cerca de esa fuente? Somos traidores de nuestra propia inocencia, castigadores y carceleros, pero no héroes. Lo tengo que decir, hoy mi instinto de supervivencia me aclama por temor. Si sigo así, no durare mucho sin entregar mi alma a una máscara que apenas he confeccionado. Tomada de entre un resto de un mercado barato, apenas si le he dado un toque y ni siquiera puedo decir que me guste.

Recién he comenzado. Me falta mucho. Debo marcarle una sonrisa y una mueca de tristeza. Tiene que estar presta al llanto y a la lujuria. Tiene, tendrá muchos detalles más. Supongo que la usaré… 

Detrás de ella y bajo su sombra, permaneceré huérfano. Esa será mi hipocresía bien guardada, secreta, pero igual de compartida con el resto, porque todos confeccionamos una. Mi personaje es fuerte, tranquilo y servicial, pero huérfano. No lo quiero, no lo reconozco. Es infame. Creación nacida y amortajada en el caldo de la falta, la angustia y la necesidad.

¿Para qué tanto? No hubiese sido más fácil, en el principio, el silencio, solo el silencio…

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